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EL ALMÍBAR PSICOLÓGICO

Instituto de desarrollo integral


          Denomino así a la tendencia de muchas personas a crearse una parcela mental de ideas melosas y blandas con las que mitigar el peso de la vida. Sucede en el sendero «espiritualoide», bañado por dosis de amor y buenas intenciones, mas desde una incierta comprensión del sentido real de la vida. Hoy en día son muchas las personas que refugian su indefensión y baja auto-estima en este tipo de necesidades. Aquí se aprecia mucho el estereotipo, es decir: los pensamientos bonitos, envueltos en un celofán plácido que ni cura ni ayuda a progresar en el camino, ya que adormece la conciencia. Estas ortopedias emocionales se suelen difundir en las redes con una ligereza inusitada, ya que la persona que las usa adquiere la sensación de bálsamo para su desvalida emoción. El problema es que desde el punto de vista energético, crean un magma astral difuso y artificial que vela la realidad. Sin conciencia, el individuo que usa estas cataplasmas, difunde hacia la humanidad un vapor empalagoso con el que velar el rigor y disciplina que requiere el gran camino. Él cree que así coopera con la luz y el bien, mas no se da cuenta que es un cerco de ilusión con el que hoy en día somos manipulados. Desde mi punto de vista, hay intenciones negras para que esto suceda en una sociedad carente y anestesiada. El individuo común no entiende que difundir de forma automática, llevado por el impulso virtual de lo «bonito», propaga la confusión y una veladura mental, que es manipulación encubierta.               ¿Goecia: magia negra? Estos términos asustan, sin embargo, siempre ha habido intenciones soterradas para que la humanidad permanezca dormida. Cuanto más empuja la inercia de hablar de amor, de luz, de paz, de angeles azucarados….frases bonitas cogidas con pinzas de las nubes, más lejos estamos de un camino realmente iniciático. Alientan una zona insatisfecha del sujeto, en ocasiones sometido por los miedos, y por una oculta frustración. Cuando el Yo se apoya en frases e imágenes «color de rosa», cuando la persona mira en exceso señales celestes con las que justificar su precaria realidad, diría que un sector de su mente no está disponible para un verdadero trabajo de auto-realización. 

            Niños en suspiro que acarician florecillas, con la incierta sensación de que el alma se les apacigua. Estas identidades inestables impiden dar los pasos oportunos por un camino de verdadero trabajo y auto-realización. El Yo detesta un método preciso, simplemente porque se aprecia como más confortable la dispersión, en la que estas muletillas que las llamo de almíbar nos crean la falsa sensación de estar en el camino de los justos, de lo espiritual, de lo precioso y auténtico. Como ya la vida es tortuosa, y como el miedo y la debilidad personal nos la hacen ver más siniestra si cabe, necesitamos anestesiar esa zona de dolor que se encuentra cargada de sombras. El Yo-miseria se nutre del espejismo. Lo que me parece verdaderamente importante es comprender que desde ahí, las carencias aumentan, y desde ese rincón azucarado, por mucho que nos eleve el suspiro, patrocinamos una sociedad dormida que no encuentra verdaderas respuestas para su salud. Atendamos a los factores que impulsan a este estado de dormidez:

 

— Huir del rigor y el método, porque esto comporta una disciplina que el Yo no está dispuesto a aceptar. La dispersión nos sugiere una precaria sensación de libertad, y se aprecia la enseñanza como rigidez e imposición.

— La inercia a lo fácil y a lo cómodo. Se picotea, la persona inconstante va de acá para allá y cree que cuanto más está informada mejor para su Yo. De esta manera no se de cuenta de que la información indiscriminada no sólo abotarga a la psique, sino que nos puede llevar a incorporar ideas peregrinas y turbias que tomamos como lindas.

— El hábito que nos lleva a usar el wasaps de forma automática, desde la sensación de que compartir estas cosas con los demás nos proporciona un acercamiento emocional. Esto mitiga de forma ilusa la sensación de incomprensión y soledad.

— Pensar que solos podemos, que nadie nos tiene que indicar el camino, porque ya sabemos y contamos con una aptitud acertada. Aquí las ideas, por mucho que aparezcan confusas e inestables, se entenderán como oportunas. Los prejuicios alientan el orgullo personal, y son ellos los que impiden la adecuada disposición y método.

— La inclinación natural a compensar la falta de respuestas con las que abordar la vida. La persona inconsciente busca sin remisión cortinas de humo que empañan su percepción. La mente se enturbia y las ideas se hacen difusas y nebulosas.

— La tendencia inconsciente a los juicios de valor que llenan las redes de basura. La queja y la culpa nos imanta el campo astral; esto es como decir que cuando nos incorporamos a una queja, cuando culpamos a otros y lo pasamos a los demás, el Yo se siente recompensado. Desde este hábito no se puede apreciar la engañifa que alienta dolor. Aquí, hay individuos que lo entienden y deciden por lo contrario: frases bonitas que, se supone, crean armonía. La cuestión es que si el mensaje no se expresa desde una clara conciencia, ejercerá en el inconsciente colectivo un vapor anestésico que, lejos de ayudar, contamina.

— La negación sistemática a escuchar lo diferente, cuando provoca al Yo. Si necesitamos de forma contundente una ortopedia, no tendremos la disposición adecuada a caminar por nosotros mismos, de forma sana y consecuente.

            Sugiero desde aquí que antes de enviar o compartir ideas peregrinas, por mucho que les mueva la buena voluntad, se hagan conscientes del mecanismo. En nuestro anterior tratado «La lámpara de Diógenes, decimos lo siguiente: «Los alquimistas del medievo acercan a nuestra comprensión una ley primordial de la vida que dice que «cuando el veneno fluye se convierte en néctar; mientras que el néctar, cuando se condensa, se convierte en veneno». Esta cuestión cardinal no se refiere tan sólo a los aspectos físicos y químicos, sino que es aplicable a aquellos factores de identificación con la vida que condicionan nuestra personalidad. »Podríamos decir que el néctar del alma se empaña cada vez que la reflexión se hace equívoca, envenenando el intelecto e impidiendo un adecuado discernimiento. Es un mecanismo que embota la mente y condiciona al centro emocional».

            ¿En qué medida el néctar queda condensado cuando lo maneja el Yo carente y apasionado? ¿Cómo la simple palabra «amor» puede convertirse en incompetente si se usa desde la orfandad del alma?

          (Fragmento del ensayo «Al otro lado del espejo» de Antonio Carranza) 

          Email.- antonio@idiconciencia.es (Los libros y tratados que publicamos contribuyen a sufragar los gastos de nuestra Obra Social. Gracias por colaborar).

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