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EL GRAN ITINERARIO

Instituto de desarrollo integral

Abordamos en esta ocasión un principio que considero básico para todo ser humano: definir claramente el porqué de la existencia. ¿Para qué estamos aquí? ¿Qué comporta cada situación y cada relación por la que pasamos? Y tal y como se cuestionaba Gautama el Budha: ¿Cuál es el sentido del sufrimiento?

Partimos de conceptos fundamentales:

La vida es un campo de pruebas, un gimnasio psicológico y emocional destinado a la evolución del alma humana. Quiere decirse que cada experiencia sucede para un cabal entrenamiento.

— Es en la dualidad, en el permanente contraste al que está sometida la psique, donde se produce el proceso de vuelta a casa, de reencontrarnos con la unidad auto-consciente de la que partimos.

— El sentido cardinal de la escuela de la vida consiste en conciliar dos lenguajes fundamentales: el que denominamos «Yo personal» (identidad propia) y aquél que atañe al «alma humana» (lenguaje de nuestros estados de ánimo, el que corresponde al campo de las emociones). Ambos aspectos de todo individuo se conforman, maduran y están destinados a conciliarse.

— El agente conciliador de ambos aspectos en el ser humano, a diferencia de los animales, es la conciencia. La definimos como la capacidad de darnos cuenta de cómo funcionan las cosas: la propia existencia, lo que nos atañe personal y energéticamente y nuestra relación con los demás.

— El ser humano transita por un itinerario evolutivo que guarda relación con su mónada, esto es: la chispa anímica que experimenta y se desarrolla en todos los reinos de la naturaleza (mineral, vegetal, animal y humano). Es mediante el libre albedrío humano cómo podemos tomar conciencia de nuestras limitaciones y condiciones… rasgos y taras que arrastramos de vida en vida.

— El gran agente que se nos destina para ese preciso entrenamiento en la vida es lo que denominamos «Ego». Indicar que desde nuestra forma de entenderlo es una energía adquirida, no esencial, que se incorpora a la psique y genera en la personalidad y estados de ánimo muy diferentes alteraciones. Atender a los diferentes parámetros de la conducta y talante mental será imprescindible para comprender el diseño que infringe el «Ego» a nuestra psique.

— El individuo que comprende esta polaridad entre el «Ego» (sombra y enfermedad) y la Conciencia (claridad y salud), puede tomar partido en su capacidad de observación. Es en el libre albedrío humano donde se puede trascender la inclinación mimética hacia el «Ego». Nos parece importante comprender las leyes que nos sujetan y condicionan, pues sin esa comprensión no decidiremos por trascenderlas.

— Existen métodos precisos mediante los cuales el individuo que alcanza un anhelo de superación, una comprensión cabal del camino, puede transformarse a sí mismo, modificar sus hábitos negativos en los centros de la máquina humana, a saber: intelectual, emocional, motor, instintivo y sexual.

— En este mundo que nos toca vivir hemos de definir como seres humanos una clara relación entre las intenciones y los objetivos. De la misma manera que un niño adquiere la intención de casar con sus manos una pieza del puzzle con el que juega, por poner un ejemplo, cada experiencia requiere un concreto casamiento, un resultado que puede convertirse en saludable. 

— Tal y como consideraban antiguas culturas por las que ha pasado la humanidad, hay diferentes aspectos de la salud: física, vital, emocional y metal. El principio cardinal de la salud humana reside en la conciencia, pues cuando es debidamente canalizada, afecta de forma oportuna a todos los campos. Esto quiere decir que somos responsables de nuestra salud, pues ella sucede como derivada de la energía que movemos. En consecuencia, una persona que elige por vibrar saludablemente en sus centros podrá con mayor capacidad hacerse dueño de su destino.

— La clave genérica de este tránsito es la siguiente:

ATENCIÓN – COMPRENSIÓN – CONCIENCIA- COMPASIÓN – AMOR

— Cuando la atención y la voluntad se hacen conscientes, el ser humano adquiere la posibilidad de trascender sus limitaciones y engramas (clichés psíquicos) que hereda como especie.

— El gran trabajo psicológico que deberíamos abordar a través de un método preciso es el que atañe a nuestras CARENCIAS (trasfondo anímico no resuelto) y CREENCIAS (pautas y clichés mentales impuestos). Estas son las claves precisas que crean en el campo vital angustia y ansiedad, los dos parámetros cardinales de la enfermedad.

— Cada condición empaña una cualidad a descubrir. Cada sombra un punto de luz. Por consiguiente, la personalidad se ve sometida y envuelta por capas sombrías que podemos desvelar.

— El fundamento del amor no llega de forma natural… se conquista en la medida en que nos educamos en el proceso. Una cosa es querer (inclinación que gobierna el deseo) y otra bien distinta amar (expansión emocional que integra y asume).

         Me permito esta serie de conceptos en atención a la serie de personas que instalan su psique, la mayoría de las veces sin darse cuenta de ello, en lo que llamaríamos un «ámbito de confort» mental. Existen diferentes apreciaciones al respecto:

1.- Zona de confort del ciudadano-tipo que se asienta en lo sensorial (sentidos primarios) y no es capaz de percibir la vida como un campo de pruebas para el alma humana. De esta forma sólo distingue por imitación, muy subordinado a los clichés psicológicos impuestos.

2.- Zona de confort de aquél que elige teorías en las que predomina el sentido hedonista de la vida. Así, la corriente de Eros (el gozo y disfrute) se asienta en la psique, utilizando justificaciones que relajan la actitud, para dejarse llevar por una inclinación dulce en la que aprecia la corriente del «Ego» de forma superficial. Aquí lo teórico pesa más que lo práctico.

3.- Zona de confort que fuerza la propia debilidad personal, cuando se necesita pensar que por uno mismo, sin ayuda ni instrucción, se pueden afrontar los escollos de la vida. Aquí a la identidad personal la menoscaba la baja auto-estima, que empuja al Yo a posicionarse por sí mismo. El denominado empoderamiento, el orgullo personal, sucede como compensación destinada a auto afirmarse a toda costa, por lo que no se estará dispuesto afrontar un trabajo que requiere en ocasiones reconocer la debilidad, las propias carencias… una precisa humildad. «Nadie me tiene que decir a mí lo que yo tengo que trabajarme», declarará el inconsciente de la persona, no dispuesta a asumir lo que pone en evidencia a su Yo.

4.- Zona de confort de la persona que piensa que el desarrollo es una cuestión que se ha de dar por «claridad espontanea», esto es: sin método ni educación. Hay una serie de teorías o filosofías que parten de la idea de que si la existencia se ve imbuida por la ilusión, también el trabajo, por muy consciente que sea, también es ilusión. Se puede entender que el comportamiento se ha de «educar» para cuestiones básicas de la vida: cocinar, desarrollar el lenguaje, aprender una profesión, una relación de amistad o pareja, la educación de los hijos… etc, mas no para un desarrollo espiritual. Lo significativo del caso es que ese «dejar hacer» se elige para el Yo instintivo y egoico, mas no para los fenómenos que definen lo cotidiano.

Todo es ilusión, en el marco de la existencia. Lo es ciertamente cuando se toma en consideración el punto de partida (la unidad que es al margen del suceso…. sin tiempo) o el punto de llegada (la unidad que alcanza el alma humana mediante su cabal liberación). Educar y educarse implica transformación: Trans (ir más allá) Forma (a través de lo formal) Ción (mediante la actitud). Sin cambios sustanciales el individuo se verá siempre sometido a la angustia y ansiedad, que son compulsiones específicas que heredamos de nuestra condición animal.

El Rebis de la alquimia siempre consistió en casar lo humano con lo divino, un concierto que han conquistado multitud de maestros espirituales y que tratamos ampliamente en el estudio del Árbol de la Vida.

La «Nada», el «Todo», son uno cuando se cierra el ciclo de la condición humana, esto es: el llamado ouroboros… la serpiente que se muerde la cola. La cuestión es que la naturaleza no da saltos y algunos estudiosos del camino creen que ya, aquí y ahora, desde sus mismas limitaciones psíquicas y emocionales pueden instalar su alma en la Totalidad.

                                                                                 Por Antonio Carranza.

Nuestro Instituto de desarrollo integral I.D.I., a través de sus siete fases de desarrollo, aborda un método preciso para aquellas personas que tienen anhelos de superación, para alumnos que deciden obtener respuestas útiles para la vida. En él aplicamos una información precisa, tanto desde el punto de vista de la denominada psicología de la auto-realización, de la medicina taoísta que estudia el comportamiento del campo vital y anímico, y de las claves de un camino iniciático que nos ha de llevar a la experiencia directa del Ser. Sin educación la niebla siempre empañará el camino.

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