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LA SATISFACCIÓN DE DIONISOS

Instituto de desarrollo integral

LA SATISFACCIÓN DE LOS DIONISOS

La satisfacción adquiere dos matices diferenciados que van a condicionar de forma ostensible el comportamiento humano: por un lado, aquella forma de saborear la vida desde una apreciación consciente y sensible, mas por el otro, la inclinación a la afectación y al frenesí, la forma de gozar que crea ansiedad. La mayoría de las personas eligen satisfacciones banales que, más que ensanchar la psique, la perturban. Diríamos que la satisfacción se vuelca en el campo vital humano de la misma manera que lo hace el colesterol. Existe un colesterol bueno y otro malo, uno que dilata y otro que contrae, sujeto al orbe dual que nos lleva de la salud a la enfermedad. El flujo de la sangre influye cardinalmente en el campo astral (vehículo del alma humana). Dionisos es un dios destinado a ensanchar la emoción para que aquellos que lo veneran aprendan a sanar el alma. El sistema respiratorio se encuentra íntimamente relacionado con el nervioso y el cardiaco. Cuando la sensación se experimenta desde una cierta inquietud, desde la inclinación compulsiva, el alma sufre las consecuencias de la alteración personal.

Generalmente el ser humano es proclive a experimentar la vida a través de la exaltación. Esta inclinación sujeta a las carencias emotivas fue lo que contribuyó a que la Roma Imperial no llegara a considerar el culto al placer proporcionado, dispuesto para enaltecer el alma. Surge en esta época de declive el orgiástico Baco, que si bien es una derivada del dios griego, se aleja claramente de su carácter sensitivo y eminente. Si tenemos que definir los rasgos evolutivos de una época, como los propios de un individuo, deberíamos atender a las distintas formas con las que maneja su instinto y su avidez de estímulos. En la actualidad la humanidad pasa por un parecido tránsito al de la Roma Imperial. ¡Todo vale….! con tal de que nos satisfaga y dilate la sensación. Cuanto más carente es una persona, mayor será su sed de estímulos vitales. Es así como el colesterol malo invade las arterias, que es como decir que Dionisos se encuentra muy alejado de la gravedad de estos tiempos, donde el sujeto reclama placeres inmediatos y fútiles que, a la postre, enturbiarán su alma.

Ahora bien, el placer que hemos desarrollado de forma sibilina es la consideración del Yo personal. Nos estimula sobremanera que nos aprecien y volcamos hacia los demás todo tipo de señuelos y sugerencias destinadas a fortalecer el Yo. Este tipo de placer rematadamente nocivo predispondrá la sociedad a multitud de gestos vanidosos y soberbios, un talante aceptado que crea de continuo afectación y, sin conciencia, nos desvía de la debida proporción. 

(Fragmento del tratado «El puente de las luces, sentido oculto de la mitología griega» de Antonio Carranza. P.V.P.- 15 €)

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Les saluda, como presidente de I.D.I. Antonio Carranza

¡Qué todos los seres sean felices!

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